Subestructuras de la personalidad. Tercera parte.

23.06.2012

Por: Mariano Cañizares Parrado.

CARÁCTER: (Biopsicosocial). Tiene como su ba­samento biológico, las distintas expresiones tempe­ramentales, las cuales son moderadas y autorregu­ladas por la formación de nuevos rasgos, durante el desarrollo ontogenético de la personalidad. Estas nuevas cualidades sólo representan la exterioriza­ción de la consciencia. Son el testimonio o declara­ción de lo que queremos aparentar, pero que real­mente no somos.

El carácter es además el conjunto de propieda­des psíquicas, condicionantes de las conductas sociales aprendidas por el ser humano en su acti­vidad diaria. A pesar de lo estable que pueda llegar a ser todos estos atributos, de formación predomi­nantemente social; en situaciones de extrema ten­sión psíquica, tendremos que contentarnos con su sustento biológico, es decir, con las peculiaridades del temperamento.

Siempre le digo a mis alumnos: A un colérico instruido, si lo dejan pensar, conocerán a profun­didad los rasgos más estables de su carácter, de lo contrario, aténganse a las consecuencias, porque tendrán el privilegio de constatar su temperamen­to.

TEMPERAMENTO: (Biológico e instintivo). Esta representa la más auténtica subestructura del comportamiento. Es determinante en situaciones extremas, como el estrés, tensión psíquica y los cambios atmosféricos (la ionización). Es la medida exacta de lo natural. Aquello que nos hace irrepeti­bles e imposible de imitar. Es la parte instintiva de la personalidad. La que no se equivoca al presen­tarnos al mundo que nos rodea tal y como somos, sin el desdoblamiento falso y utilitarista del carác­ter.

Es puramente biológico, dependiendo esencial­mente del tipo de sistema nervioso que nos carac­teriza. Es genético por naturaleza. Sus impulsos no tienen el beneficio de la capacidad autorreguladora de la voluntad y cuando en algún comportamiento se muestra de una manera no instintivo - afectiva, es el producto de los efectos del carácter.

Todo este caudal biológico e instintivo, nos hace posible asegurar que el tipo de temperamento pre­dominante en cada ser humano, determina de ma­nera sustancial las distintas formas de expresión en cada esfera de interacción, cuando de situacio­nes extremas se trata; especialmente en el área se­xual.

Un ejemplo evidente puede ser: No es lo mismo el comportamiento sexual de un temperamento colérico y el de un flemático.

Los estudios sobre el temperamento se remon­tan a la antigüedad; desde Empédocles (495 - 425 a.C), Hipócrates (460 - 336 a.C), Claudio Galeno de Pérgamo (130 - 200 d.C). Quien avanzó de manera considerable al lograr explicar con cierta exactitud, el por qué de las diferencias entre los seres huma­nos, matizadas éstas por los estados emocionales precipitantes de distintos tipos de comportamien­to. Todos estos estudiosos siempre relacionaron el temperamento con predisposiciones que hacían comportarse al ser humano tal y como es.

Ellos se refirieron también a cualidades del am­biente como: Calor, frío, seco y húmedo, sin hacer referencias a las conductas aprendidas en el desa­rrollo ontogenético de la personalidad. Tema que desarrollaré en el próximo artículo.