Psicomanías. Primera parte.
Por: Mariano Cañizares Parrado.
Pacientes o psicópatas.
El término de psicomanías no es muy frecuente en las ciencias que intervienen en el estudio y tratamiento de la mente humana. Sin embargo, en lo particular siempre lo utilizo, con el fin de darle un sentido genérico a una serie de comportamientos humanos, exigentes de un diagnóstico diferencial muy fino, entre enfermedad, psicopatía y otros trastornos del comportamiento.
La piromanía, cleptomanía, ludomanía y mitomanía, entre muchas otras; deseo darles prioridad, para demostrarles que ninguna de ellas es verdaderamente una enfermedad.
Los únicos profesionales claros en la ausencia de un comportamiento enfermo en estos tipos de conductas humanas, son los juristas, los cuales demuestran en cada proceso judicial, la culpabilidad de todos estos sujetos con tendencias desvergonzadas y perversas.
Los Psiquiatras y Psicólogos en su ánimo ilimitado de concebir pacientes y no psicópatas, son los principales responsables de los malos procedimientos en lo referente a la rehabilitación de estos seres humanos.
No es lo mismo psicoterapia, que psicocorrección. La primera es un término médico y psicológico, utilizado con fines de tratamiento a una alteración involuntaria del sujeto, dado por la insuficiente adaptación entre éste y el medio interactuante. La segunda admite lo no tan involuntario ni inconsciente, por tanto, nos permite además de tratar síntomas derivados de un trastorno del comportamiento; rehabilitar a un delincuente.
No es lo mismo decir: "La sintomatología esencial de un pirómano es producir incendios de forma deliberada y consciente", que sustituir sintomatología por el placer de provocar el incendio, sin considerar sus posibles consecuencias.
Si hablamos de síntomas, estamos refiriéndonos a un enfermo. Sin embargo, el regocijo y el gusto característico de un pirómano, nada tiene que ver con la enfermedad. ¿Es acaso el gozo apoyado en el dolor de otro, un síntoma?
El pirómano, como casi la totalidad de los psicomaníacos, son personas frustradas, difíciles en la comunicación con sus similares, amantes de la soledad y aislamiento voluntario.
¿Podemos considerar enfermo a quien simplemente no ha sido capaz de realizarse como ser social? No, dejémonos de compasiones alejadas del sentido común y con atino, consideremos a estos sujetos como psicópatas, dándole riendas sueltas a sus descompensaciones, para satisfacer deseos y entretener su vida aburrida y carente de utilidad social.
Con respecto a la cleptomanía es necesario considerar un aparte, referido a quienes roban cosas sin valor espiritual ni material; sólo por el hecho de la simple satisfacción de un deseo, sin ocasionar daños de ninguna naturaleza. En este caso podemos estar en presencia de un estado obsesivo, necesitado de tratamiento psicoterapéutico. Por supuesto, con un pronóstico muy reservado. Generalmente su fin es el encarcelamiento, de donde si cumplen, vuelven otra vez.
Otro tipo es el cleptómano que desde muy temprana edad presenta muy pobre control de sus impulsos; expresados en el acto de robar.
Generalmente comienza desde pequeñito, donde los niños sustraen pertenencias a los compañeros de colegio, para llevarlas a sus casas, lo cual va enriqueciendo progresivamente el reflejo condicionado de la necesidad compulsiva de robar.
Decir que un cleptómano de esta naturaleza, es un enfermo y que requiere tratamiento, es uno de los absurdos más aberrantes.
Es necesario dejar claro que la cleptomanía debe psicocorregirse desde los primeros estadios del desarrollo ontogenético de la personalidad. Esta tarea no es clínica, sino educativa. No pertenece a un Médico o Psicólogo clínico, sino a los padres, maestros y psicopedagogos, los cuales deben llevar un celoso control sobre el comportamiento de los impulsos en estos niños y adolescentes, para evitar que sean vulgares ladrones en la adultez.
El pronóstico de la psicocorrección en un cleptómano, es realmente pésimo. Son caldo de celdas.
Sencillamente no se trata de un enfermo, sino de un delincuente que comete el delito de hurtar con pleno conocimiento de causa y efecto.
Otro tipo de psicomanía, muy asociado al hurto es la ludomanía, donde el sujeto no se puede resistir ante los impulsos por jugar y si no tiene plata para hacerlo, puede ser capaz de matar para lograrla.
La ludomanía a diferencia de la cleptomanía, comienza un poquito más tarde, predominantemente en la fase media de la adolescencia.
El principio de este trastorno del comportamiento está determinado fundamentalmente por el deseo de independencia del adolescente, donde las apuestas ocasionales se van convirtiendo con el tiempo en hábitos de conducta. Muchas veces agravadas por los compromisos contraídos, lo cual lleva de manera progresiva a jugar más fuerte, haciendo apuestas a veces desmedidas, con el fin de pagar las deudas.
La ludomanía como forma de comportamiento es mucho más grave que otras psicomanías, porque quienes la padecen, sufren muchas pérdidas, no sólo económicas, sino también sentimentales y sobre todo sociales: Pierden trabajos, amigos, destruyen sus familias, llegando finalmente a convertirse en delincuentes peligrosos para la estabilidad del medio en que interactúan, porque los altos niveles de estrés los van convirtiendo en personas sumamente irritables y agresivas.
Se
transforman en seres desvergonzados, porque cada vez se endeudan más, con el
fin de seguir jugando. Cuando ya nadie les presta, pueden llegar a cometer
asesinatos, con el solo objetivo de conseguir plata y seguir jugando.
Supuestamente, para poder quedar a paz y salvo con todos sus acreedores.