El perro es blanco o es negro.

Por: Mariano Cañizares Parrado.
En la enciclopedia de la filosofía (en inglés) hay un pasaje titulado "Diógenes y los perros". Antes de contárselos es bueno conocer que Diógenes de Sinope fue un eminente filósofo de origen griego, nacido 412 años a. C.
Este hombre dentro de su obra destaca permanentemente la grandeza de los perros. Tan extremos fueron sus halagos, que las personas conocidas comenzaron a ponerle el sobrenombre de "el perro".
De este personaje histórico hay muchas cosas que contar, pero no es el objetivo de este artículo. Sólo quiero decirles, que terminó viviendo en la más horrible pobreza e inclusive, algunas historias comentan que vivía dentro de una enorme tinaja. Por tanto, su apodo más que todo era ofensivo; sinónimo del menosprecio, por llevar una vida típica de un perro callejero.
¡Qué grandeza la de Diógenes! En vez de ofenderse, sentía orgullo cuando alguien de manera despectiva lo llamaba por su alias, pues se comportaba a gusto, con bastante similitud a las maneras más comunes de un perro: Estaba satisfecho por todas las actitudes de su existencia, donde siempre fue un leal guardián, defendiendo la ética de su filosofía. Inclusive, llegaba más allá cuando expresó: "Aún conservo la facultad de saber distinguir perfectamente los amigos de los enemigos" y también decía: "Soy un perro de los que reciben elogios, pero el que ninguno de los que me alaba, quiere salir conmigo a cazar". En una oportunidad, en medio de un banquete, los invitados comenzaron a tirarle los huesos y Diógenes con su sabiduría, nunca opacada por la pobreza, se les acercó y comenzó a orinarles los pies.
¿Será la conducta de Diógenes algo neurótica? No, porque para ganarse el respeto de nuestros similares, debemos comenzar respetándolos a ellos.
Igual que un perro callejero, fue un genio despreciado y condenado a vivir en las calles. Su indiferencia ante la vida fue tal, que casi al morir gritó: "Cuando me muera echadme a los perros; ya estoy acostumbrado".
En todos sus mensajes subliminales demostró la grandeza del perro y la arrogancia e ignorancia del ser humano. Pero también puso en evidencia que este fiel amigo es sobre todo el paño de lágrimas para secar la corriente de enajenación generada por la falta de afecto.
Estudiando a Diógenes me motivé a realizar muchas investigaciones sobre la interacción entre los procesos cognoscitivos, afectivos y volitivos en la vida de los seres humanos. Constaté como era esperado, que cuando existe exceso de afecto en la tenencia de un perrito como mascota, está acompañado de un vacío afectivo indescriptible y cuando nos faltan los afectos, somos la máxima expresión de un Mendigo de sí mismo.
Hasta donde hemos llegado en los extremos. En la actualidad es muy común encontrar hoteles cinco estrellas para mascotas, en distintos lugares del mundo, donde se prestan servicios como: Spa, piscina, zonas de entrenamiento, incentivos materiales y espirituales, porque contamos con médicos veterinarios y psicólogos para tratamientos especializados a perros supuestamente estresados, deprimidos o tristes...¡Que disparate! Pareciera que nos hemos olvidado completamente del estudio del desarrollo del psiquismo, bajo la óptica de la filogenia.
Como si fuera poco, se han creado incontables agencias de transporte para pasear a las mascotas o llevarlas a chequeos médicos rutinarios.
Estos coches se detienen en cualquier calle y de manera incorrecta, hasta que pueden recibir o entregar a los perritos, creando enormes congestiones en la circulación vial. ¡Qué locura! Acá sí se pueden emplear frases coloquiales como: "Mamá no llames más gente, que rompes la columbina". O "Éramos demasiados y parió mi abuela".
Lo más interesante de toda esta locura, es que más del 70% de todos los humanos latinoamericanos, carecen de recursos económicos como para poder disfrutar un día de su vida en tales comodidades. Y más del 60% viven en los límites de la pobreza, carentes por completo de los esenciales mínimos, para garantizar un nivel de vida correcto.
Cuánta elevación de espíritu y excelencia moral observáramos por ejemplo, en los hoteles, si además de atender correctamente a los perritos, a la vez, le exigieran a quienes tienen dinero para semejante neuroticismo, hospedar un niño pobre en una habitación contigua. Quizás sea extremadamente terapéutico para ambos, porque su interacción, sin dudas, sería provechosa.
Tampoco exageremos con esta nueva propuesta, porque el tema de la atención a los perros ya me está preocupando.
Como sabemos, ellos son excelentes guardianes y el día menos
pensado llegamos a un Hotel para solicitar hospedaje y nos encontramos con la
sorpresa, de que el puesto de celador lo ocupa un perro y a lo mejor se le
ocurre comunicarnos, que ya no quedan habitaciones para humanos.