Una crueldad presidencial.

17.12.2019

Por: Mariano Cañizares Parrado.

No quiero en este artículo referirme al consumo de cervezas, vinos, otros licores y el tabaco con sus derivados; sustancias no controladas en el mundo contemporáneo y paradójicamente, nunca necesitadas para ningún tratamiento médico. Es decir, son el producto de las necesidades de personas amantes de los placeres y poco atentos a sus consecuencias para la salud humana y el bienestar general de la sociedad.

Tampoco deseo abordar los efectos de otras sustancias permitidas como: cafeína, teína, teofilina, mateína, teobromina, guaranina, nicotina, ergotamina... Especialmente la cafeína, de la cual muchas veces se hace dependencia, llegando a ser muy dañina para la estabilidad de los ritmos circadianos del sueño. Sin embargo, muy pocos especialistas la consideran como un agente estresante activo, e inclusive algunos de manera totalmente equivocada, la recomiendan como algo beneficioso para alcanzar el perfecto equilibrio de los campos biomagnéticos en el cuerpo humano.

No obstante saber que las drogas mencionadas, todas acortan la existencia y ofrecen una pésima calidad de vida, al menos nos brindan la esperanza que con sólo un esfuerzo y una orientación profesional adecuada, las posibilidades de rehabilitación son altísimas.

Serio resulta cuando las adicciones pasan a un plano de mayor nivel en la agresividad a la salud integral. Me refiero al consumo de drogas base, como: Cocaína, heroína, fenciclidina (fenilciclohexilpiperidina), MDMA (metilendioximetanfetamina), LSD, psilocibina, mezcalina... y una lista interminable de otros derivados, que con distintos procesos químicos, afectan de manera considerable los niveles funcionales de la consciencia. Deteriorando además, todas las subestructuras de la personalidad, con su correspondiente daño a la estabilidad biopsicosocial.

Deseo poner algunos ejemplos de pacientes, que sin ser adictos, han consumido alguna vez estos estupefacientes, sólo con el objetivo de demostrarles el nivel de irresponsabilidad presente en el comienzo de cualquier cuadro adictivo.

"Con la heroína... ¡uy hermano! Hace sentir que flotas en el cielo: Se te quitan todos los dolores y te sientes más relajado que con veinte guardaespaldas a tu alrededor".

Lo que no sabe este insatisfecho, es que esas sensaciones dependen de la dosis ingerida y del tiempo de permanencia en la adicción. La heroína es un depresor del sistema nervioso central. Por tanto, en baja dosis, exactamente provoca una aparente sensación de calma, tranquilidad y relajación muscular, parecida a la de cualquier ansiolítico o hipnorrelajante. Inclusive provoca cierto estado de somnolencia. Pero en dosis más altas, comienza a aparecer un extraño estado de euforia, seguido de cierto aturdimiento, con disminución sustancial de los niveles de reflejos del sistema nervioso, acompañado de trastornos en la coordinación motriz y la visión del espacio. Adicionalmente comienzan nauseas fuertes, asociados a vértigo y, como si fuera poco; una sobredosis puede ocasionar la muerte por insuficiencia respiratoria. ¡Qué chévere resulta flotar en el espacio!

La cocaína. Los drogadictos le han puesto el alias de: "El polvo de Dios". "Crees saber más que todos los que te han conocido alguna vez. Eres sencillamente un ser superior, omnipotente. Te aumenta la autoestima y te permite desbordar lo que en estado normal te falta". Sin dudas, quien hace esta descripción es un sabio consumidor, porque la cocaína es un estimulante del sistema nervioso central. Por tanto, provoca una falsa sensación de poder, donde hasta los alimentos y el agua pueden estar ausentes por un tiempo prolongado, porque los niveles de concentración de catecolaminas, facilitan una sobre actividad a nivel simpático.

Sin embargo, no todo es color de rosa, porque como cualquier tipo de droga, los efectos de la cocaína también dependen de muchos factores: La cantidad consumida, el estado psicofísico del consumidor y la calidad de la sustancia, la cual depende de las distintas mezclas realizadas en el proceso de fabricación.

No confundamos la energía producida por el consumo de cocaína, con la falsa confianza que también genera, porque la sobre excitación cortical mantenida en el tiempo, provoca por medio del mecanismo de defensa fisiológico, de la inducción recíproca, un progresivo descenso de la euforia, cayendo finalmente en un estado de depresión patológico.

Cuando el adicto se ve envuelto por la tristeza, recurre nuevamente al consumo de la droga, el cual no sólo se hace más frecuente, sino además, cada vez exige dosis más elevadas. Esta es la principal adicción: La necesidad psicológica de mantener un estado de ánimo alterado, pero que satisface las expectativas del comportamiento en un adicto.

El consumidor frecuente de cocaína tiene un final realmente muy feo, porque su vida transita entre un estado alterado del comportamiento y la falsa percepción de confianza en sus aptitudes. Es decir, cuando los efectos de la droga están ausentes, se presentan alteraciones psíquicas muy variadas, e inclusive, algunas veces contrapuestas, como: Depresión y apatía en contraposición al insomnio, la irritabilidad y la ansiedad permanente.

Un derivado de la cocaína es el Crack, el cual se ha convertido en la variante más adictiva de la droga madre. Los consumidores expresan frases como estas: "Es el viaje más fascinante e increíble que algún ser humano pueda haber experimentado". Claro está. El Crack multiplica la energía alcanzada con la cocaína. Provoca un estado de alerta nunca vivido, el cual es producto de la estimulación al cerebro para liberar excesivas cantidades de dopaminas.

La dopamina en concentraciones más altas de lo normal es la responsable de los estados alucinantes y la aparición de paranoia. Siendo muy frecuente con el tiempo cuadros psicóticos reactivos.

El consumo del Crack, con el tiempo afecta de manera progresiva la fisiología, produciendo disminución sustancial del flujo sanguíneo, unido a una frecuencia cardíaca muy elevada, típica de una taquicardia paroxística.

He querido escribir de sólo tres de las tantas variantes de sustancias psicoactivas, con una sola finalidad; al observar las frases de sus consumidores podremos apreciar que todas tienen algo en común: Los comienzos siempre son típicos de personas inestables, irresponsables e insatisfechos insaciables.

Teniendo en cuenta este precedente, entonces hagámonos una pregunta con un poquito de sensatez. ¿Es acaso responsable darle más libertades a un irresponsable?

Siento lástima de los ciudadanos de bien, que habiendo participado o no, en la elección del presidente de su república, luego tengan que soportar la ocurrencia de proponer eliminar la ilegalidad de este tipo de droga u otras similares como la mariguana.

Sin dudas, estos funcionarios públicos y los supuestamente científicos que los apoyan, sólo cuentan con seis neuronas: Una, para ingerir todo aquello que de una manera u otra les cayó en la boca. Otra para dormir. La tercera para respirar. La cuarta para defecar. La quinta para orinar y una sexta, para proponer y dedicarle tiempo al análisis de semejante disparate. El cual sin duda nos convierte progresivamente en mendigos de sí mismo.