Dios y la ciencia.

Por: Mariano Cañizares Parrado.
La lógica de todo lo que perciben mis órganos sensoriales y concluyen mis procesos cognoscitivos, afectivos y volitivos, los he dedicado a detallar no lo que se dice, sino más bien, lo que se deja de decir.
No existe hasta la fecha un teólogo, filósofo, psicólogo, psiquiatra, abogado, político... que haya manejado con objetividad el verdadero rol de los Papas en relación con el aborto. Todos enfocan sus análisis en dos direcciones: Si están o no de acuerdo.
Sin dudas, el tema requiere de un pronunciamiento más profundo.
El Papa Francisco, el cual tiene un rostro angelical, de abuelito noble, inteligente, paciente y tolerante, pero a la vez observador, detallista y positivista; le ha tocado vivir en una sociedad aún retrógrada. ¡Qué lástima!
Sin embargo, no me preocupa su actitud cuando los días pasan y no se pronuncia en lo absoluto sobre el aborto. ¿Por qué habría de hacerlo? Ya dije que era un hombre muy inteligente y no cabe la menor duda, que en más de una ocasión ha pensado en el indetenible avance de la ciencia. Ello ha venido a aliviarle muchas preocupaciones a Dios. Esta es una frase fundamental en mis actividades como investigador. Por tal motivo, estoy obligado a instruir a todos aquellos, que de una manera u otra, tienen responsabilidad en el control y desarrollo de la sociedad.
No andemos con rodeos. El tema del aborto ha devenido progresivamente a ponernos en situaciones de conflicto a todos los seres humanos. Unos lo censuran hasta llegar al absurdo, otros lo toleran tanto, que lo convierten en un método anticonceptivo.
Siempre los extremos son dañinos y en muchas ocasiones crueles. La balanza de la vida y la muerte, debe ser más equitativa que la de la ley. No puede concebir pasionalismos como: Las concepciones filosóficas, políticas y religiosas y menos aún, la imposición del poder.
Realmente los que más deben hablar del aborto no son los materialistas o idealistas extremos, porque no existe nada más alejado de la razón que el fanatismo. Son las escuelas médicas científicas de los distintos países del mundo contemporáneo, las que están capacitadas para tales efectos. Sin embargo, es un tema abordado prioritariamente y de manera abrumadora, por personas carentes de los conocimientos mínimos esenciales, para actuar no sólo con justeza, sino más que todo, con razón.
No hay por qué temer a la ignorancia, sino buscar todos los recursos para convencerla de tal. Por este motivo, opino que el papa Francisco ni se ha pronunciado ni lo hará acá en Colombia, porque su inteligencia le alcanza para deducir que es un tema fuera de su incumbencia y no quiere caer en la prepotencia y petulancia de estas personalidades. Con su actitud más que todo nos está llamando la atención para que reflexionemos sobre frases como estas: "El aborto es un acto criminal". "Nadie está autorizado a eliminar una vida"...
La historia de los principales protagonistas de esta ignorancia, ha demostrado la existencia de más religiones, que niños con discapacidad. Su inestabilidad es tanta, que ya muchas creencias, ignoran al verdadero Dios.
Si éstos son los supuestos representantes de Dios en la tierra, ¿Qué nos queda para los menos privilegiados? Una cosa es Dios y otra muy diferente son las religiones. Algunas demasiado poderosas.
El poder aunque esté apoyado sobre buenas intenciones, siempre tiene de base un cimiento más consistente: La soberbia.
Según el diccionario de la Real Academia de la lengua española, este cimiento se define como la altivez y el apetito desordenado de ser preferido sobre otros, a costa de su menosprecio.
Los científicos no podemos permitirle a la cólera del poder, bajo sus acciones descompuestas, con palabras altivas e injuriosas, juzgue superficialmente un tema tan controvertido.
En mi opinión hay que dar el derecho de elegir entre un niño no deseado y la posibilidad de interrumpir el embarazo. Esta sería la manera más justa para respetar los derechos de una familia y de un médico que lo sugiere. Ellos en definitiva son los únicos con autoridad y conocimiento, para decidir si la tenencia de un hijo, es conveniente en el orden médico, personal, matrimonial, familiar y social.
Yo me pregunto. ¿Con cuántas alteraciones psicológicas y fisiológicas puede salir a la luz, un niño que su madre no desea tenerlo en el vientre? Más aún, cada vez que lo mira, recuerda aquel desastroso y repugnante hecho de un embarazo forzado o gestado porque quien debió educarla no lo permite o no se responsabiliza. Sin embargo, si se cree con el derecho de elegir por ella, totalmente en contra de su voluntad.
Sería muy importante para estas personalidades contrarias de manera irracional y pasional, a todas las condicionantes del aborto, conocer algo sobre la placenta de la mujer.
Sin duda alguna, es un filtro protegiendo a la criatura en formación, de sustancias dañinas a las que pudiera estar sometida la madre en el proceso de gestación. Pero, a pesar de ser cierta esta teoría, la placenta no es eficaz para excluir las hormonas segregadas bajo un estado emocional de ira, rabia, cólera y excesos de agitación o reposo, típicos de los trastornos situacionales ansioso o depresivo.
¿Por qué castigar a la víctima, si muchas veces ni podemos opinar sobre la ignorancia de los victimarios?
Contribuyamos con sabiduría, para dejar nacer a quien al
menos sabemos tendrá las potencialidades físicas y psicológicas, para no
convertirse en un mendigo de sí mismo.