Introducción al libro "ENERGÍA DE LA FE"

21.06.2020

Tercer libro del Dr. Mariano Cañizares Parrado. Año 1988.

NOTA DEL AUTOR SOBRE LA FOTO DE LA CARÁTULA: Siempre he sido del criterio, que el buen estudiante es aquel que vive con intensidad cada conocimiento aprendido. Es como leer un libro de aventuras y sentirse dentro de ella como un protagonista más, con todos los estados emocionales por los que puede atravesar un artista. Es decir. Hay que llorar, reír, amar, odiar, irritarse, controlar hasta lo imposible nuestros estados emocionales, ser bueno, malo, avispado y por qué no medio idiota. Esa es la vida. Una mezcla ecléctica de todo lo que nos rodea en este mundo neurótico y extremadamente versátil, donde gracias a Dios, tenemos la posibilidad de elegir cuál será nuestro comportamiento personal, social y estable, con el fin de alcanzar cada objetivo que nos propongamos.

Tener un comportamiento acorde con el papel que nos ha tocado representar, no quiere decir que abandonemos el siempre necesario cumplimiento de las leyes naturales de la vida, donde juega un rol determinante respetar los ritmo biológicos.

La foto que van a mirar, no es un excentricismo. Es sólo la expresión de lo que viví desde el punto de vista emocional, espiritual y físico durante casi dos años.

Nunca me corté el cabello ni la barba. Ni tampoco me dejé de bañar dos veces al día. Lo cortés no quita lo valiente.

Fueron dos años donde enriquecí mi vida espiritual, cultivé mi alma, consolidé la fuerza de la fe, y aprobé con máxima puntuación el examen estatal de filosofía, ante la comisión de grados científicos de la academia de ciencia de Cuba. Por eso, cuando atiendo a un paciente, no sólo le trato la enfermedad que lo ha llevado a mi encuentro. Más aún. Lo veo delante de mí, como una criatura divina a la cual hay que devolverle la normalidad.

Mi forma de pensar es en extremo sencilla: Nunca buscar el enfrentamiento superfluo; en cada cosa que hago resaltar lo positivo de lo positivo; amor apasionado por amar; indulgencia ante todos los actos de interacción con mis semejantes y sobre todo, con un alto concepto sobre la libertad del perdón.

Siguiendo la lógica de lo planteado, entenderán por qué no es un objetivo de este libro detenernos a hablar de los preceptos teóricos y diferencias (a veces antagónicas) de las tres religiones monoteístas abrahámicas más grandes del universo.

Tampoco es importante hablar de cosas en extremo conocidas para toda la humanidad como son: La Santa Inquisición, las Cruzadas, los seis millones de Judíos muertos en los campos de concentración alemanes, en la Segunda Guerra Mundial, las interminables guerras que desde los siglos anteriores a Cristo, y hasta los días de hoy, han provocado millones de muertes.

No creo que por estas omisiones le reste importancia al contenido de este libro, porque mi criterio sobre la energía de la fe; la más importante de todas las fuentes energéticas que gobiernan al organismo humano, tiene tres direcciones, las cuales pueden coexistir o expresarse de manera aislada, ellas son:

• Fe en su Dios.

• Fe en uno mismo.

• Fe en objetos, animales u otras personas.

Lo máximo sin duda alguna, es que cada persona tenga fe y eso es suficiente. No importa si existe alguien que haya perdido la fe en su Dios, desprecie los animales, los objetos no le aporten energías positivas para alcanzar los objetivos propuestos y por último, que haya definitivamente perdido la confianza en los demás seres humanos. Aún así, está a tiempo de alcanzar altos peldaños en el decursar de su existencia, porque ésta es la más importante. Nunca se puede perder la fe en uno mismo, y primero que todo, debemos tener consciencia que existimos, así estaremos todavía en el camino, y en él luchando hasta el final. Estoy seguro volveremos a encontrar nuestro Dios, le pediremos perdón y nos devolverá la fe perdida. Cuando un ser humano ha perdido todas las formas de expresión de la fe, ha perdido su vida.

Al transitar por este libro, podrán apreciar lo pobre que somos de energía y pensamiento y lo débil que resulta mantener constante la fe, porque nos ha dañado mucho el viejo proverbio: "Ver para creer". Eso ha hecho posible borrar de nuestra mente el principal pilar para sostener la energía de la fe: Lo que no vemos, no significa que no esté ahí.