Histeria y celos.

01.10.2013

Por: Mariano Cañizares Parrado.

En mi último libro titulado: "Soy neurótico, pero me encanta", en la página 263; refiriéndome a los celos, estando presente el amor, escribí: "En este caso existen tres formas de expresión:

  • Cuando nos sentimos inferiores al compararnos con quien amamos.
  • Cuando la desconfianza se hace tan extrema, que comenzamos a percibir imperceptibles y hasta imaginarios indicadores, capaces de sus­tentar las bases de una traición.
  • Cuando queremos pasionalmente, a tal extre­mo, que el miedo a perder lo tanto amado, nos hace exagerar las medidas de protección".

Sin embargo, a pesar de subsistir bajo las som­bras del amor, ninguna lo beneficia. Todo lo con­trario. Al final terminan matando al amor mismo.

He querido demostrarles la existencia de otra razón para celar, pero ésta generalmente no está acompañada de la sensación de amar, sino de los rasgos típicos de comportamientos histriónicos.

Para una mejor comprensión debemos comenzar haciéndonos una interesante pregunta: ¿Quién es más histérico? El que provoca constantemente los celos, o quién descompensadamente se muestra celoso.

En una ocasión compartía una fiesta con amis­tades, y un gran amigo miró de manera quizás algo indiscreta, a una hermosa mujer que pasaba por delante de nosotros, a lo cual su señora esposa res­pondió en forma descompensada, haciéndole recla­mos no equivalentes a la indiscreción. Al extremo de abandonar la fiesta, acompañada de frases típi­cas de un comportamiento histriónico.

En aquella oportunidad yo no representaba al simple amigo, sino al psicoanalista con más de treinta años de experiencia en el estudio de con­ductas extremas, sin motivo aparente.

Como a los quince minutos, mi amigo me mira apenado y me murmura: ¿Era para tanto? Simple­mente le dije: Disfrutemos un rato la fiesta y en unos minutos más saldremos a buscarla.

Mi amigo inmediatamente respondió con indig­nación: "Ni piense ella que voy a buscarla". A lo cual contesté rápidamente: No lo espera. Es todo lo contrario. Su escándalo fue el sustento de un desplazamiento. Le pregunté: ¿Estás preparado para conocer si realmente su comportamiento fue motivado por celos? Respondió afirmativamente y salimos a buscarla.

En unos minutos pudimos comprobar que ella era quien lo estaba traicionando.

La proyección como mecanismo de defensa de la personalidad, es el modo de distorsión más objeti­vo de la realidad, en el comportamiento histérico:

Ofende y evitarás ser ofendido. Agrede y esquivarás inteligentemente agresiones. Siéntete perturbado e impedirás que te perturben...

Pero en el mundo de los celos, existe mucho más de un ángulo para ver las cosas. Demos vuelta a este propio caso.

Hay seres humanos que gustan ser celados, y en consecuencia están permanentemente alardeando de sus posibilidades y potencialidades atractivas. Se trata de aquella persona que no desperdicia la más mínima oportunidad, para con sus indiscre­ciones provocar desconfianza en el ser querido.

Estas personas expresan su comportamiento histriónico, alimentándose del dolor, los sufrimien­tos y las mortificaciones provocadas a su pareja, sin que necesariamente tenga lugar el motivo car­nal para provocar los celos.

Ambas direcciones expresan con claridad la morbosidad del comportamiento humano, cuando subyacen rasgos de personalidad histérica y nos ponen en frente de la cuarta razón para celar. Aun­que ésta no se expresa con autenticidad, sino es el producto de un comportamiento fingido, ególatra y malvado.