Éxitos o sacrificios.

Por: Mariano Cañizares Parrado.
Cuando conocí a Yaneth, ella tenía 20 años y yo 46. Muy fácil sacar la diferencia: Soy 26 años mayor que ella y nos comprendemos como si tuviéramos la misma edad, simplemente porque he aprendido a disfrutar y bailar Salsa, Pop, Reggaetón, Rock... Y en su lugar he sabido motivarla para que logre deleitarse con la música romántica de mi juventud. Para que sea capaz de no aburrirse escuchando composiciones de Mozart, Beethoven, Chaikovski... Ver un concierto de Plácido Domingo, José Carreras, Pavarotti, Montserrat Cabalet, Andrea Bocelli... disfrutar con pasión un ballet como el Lago de los Cisnes. No sólo soy un desacostumbrado, sino que me encanta contagiar a todos aquellos por los que siento amor.
HE TENIDO MUCHOS ÉXITOS MIRANDO A LA VIDA DE LA SIGUIENTE MANERA:
Primero: Porque le pago a un señor los 30 días del mes para recoger todas las heces fecales de los perros de mis vecinos (de un parque que rodea mi clínica), porque así puedo evitar un cuadro de toxocariosis en los niños, que inocentemente y con todo el derecho, van a jugar al aire libre, debajo de los árboles.
Segundo: Porque jamás hago esperar a mis pacientes ni un minuto, pero tampoco los atiendo cuando llegan retrasados. Nunca los tuteo y siempre me comporto con ética en cada momento de mi vida. Más aún cuando se trata del ejercicio de mi profesión, porque la ética médica no es sólo poner en práctica todos los conocimientos necesarios, para vivir en armonía con las exigencias de las leyes naturales de la vida. Es mucho más. Es estar dispuesto a trasmitir estos conocimientos con altruismo, a todo ser humano necesitado, sin mirar la hora o el día de la semana escogido por éste, para pedir ayuda. Esa es la máxima de mi vida. Por tanto, me caracteriza como el más satisfecho de los desacostumbrados. Un ejemplo puede ser muy evidente. El día 18 de abril de 2021 escribí un artículo titulado "Ya es suficiente castigo". En aquel momento había atendido 152 pacientes. Ya son 443, sin medir el tiempo utilizado y sin poner el más mínimo interés económico, porque JAMÁS COBRARÉ UNA CONSULTA A UN ENFERMO CON LA COVID-19.
Tercero: Amo a Dios por sobre todas las cosas. Nunca le pido regalos a cambio de mi actitud. Todo lo contrario. Cada día le demuestro amor, haciéndole sentir orgullo por la corrección de mi comportamiento. Por eso me encanta ser desacostumbrado, porque soy un convencido de que la justicia divina es perfecta y tiene a cada ser humano en el lugar que le corresponde, aunque para algunos parezca injusto. En este sentido hay quienes deben conformarse con mirar por las ventanas de la vida. Sin embargo, mi Dios me premia en cada instante sin pedírselo, porque las puertas que voy a tocar se abren antes de levantar mis manos.
Cuarto: Soy un desacostumbrado, pero me encanta, porque disfruto hablar de mis predisposiciones inconscientes. (Tema a tratar en el próximo artículo). No barnizo mi comportamiento con desdoblamientos de la personalidad. Soy como soy. UN DESACOSTUMBRADO.
Como
siempre. Un abrazo para todos y uno para mí, y que Dios nos siga protegiendo.
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