Conmutación iónica.
Por: Mariano Cañizares Parrado.
¿Será que en cien años más, lo que hoy consideramos acientífico o seudociencia, nos dejará en el más extremo de los ridículos?
Qué lindo poder referirme a una expresión tan común en mis pacientes. "Usted tiene más de brujo que de científico".
Para cualquier especialista de las distintas ramas de la medicina, esta frase resulta una ofensa. Sin embargo para mí es un elogio, porque la integralidad del conocimiento está en el valor para aceptar la práctica de cualquier método, siempre que resulte útil en el logro del equilibrio bioenergético del ser humano.
He oído frases como estas. "Yo soy científico y eso no me permite creer en Dios". ¿Cuánta ignorancia? La fe en Dios unida al ejercicio médico con profesionalidad, es uno de los pilares más objetivos en la cura de cualquier enfermedad. Lo demuestran los millares de investigaciones, que mencionan la fe en Dios como una de las fuentes energéticas más importantes en la lucha por la vida, cuando estamos amenazados por cualquier dolor o sufrimiento.
Muchas religiones no aceptan el curanderismo, ignorando que los poderes de Jesús bordeaban la práctica de lo paranormal. Es como negarse a sí mismo como expresión máxima del nihilismo más extremo y absoluto. La autoridad de Dios lo capacita y autoriza para otorgar estos poderes a su antojo a cualquiera de sus hijos y con qué razón cuenta el hombre para arrebatarle ese privilegio, que en definitiva aporta bienestar y equilibrio a la humanidad.
¿Por qué un médico tiene que agenciarse el privilegio del conocimiento absoluto, criticando sin objetividad lo que no ha tenido valor ni capacidad para comprender?
La medicina ortodoxa y su arrogancia "científica", excluye innumerables conocimientos ancestrales que salvaron millones de personas desde la antigüedad. Recuerdo a un contemporáneo de mi abuelo. Cuando una persona lo visitaba: Con cefalea migrañosa, tortícolis, neuralgia del ciático o del nervio mediano, síndrome de mala absorción... Les aseguro, no conocía absolutamente ni un término científico, pero en menos de cinco minutos y sólo con sus manos, aparentemente torpes (por ser un hombre de campo), eliminaba la sintomatología que un médico sólo podía atender con la indicación de medicamentos, acompañado de los miles de efectos secundarios que cada uno lleva implícito, donde realmente no se sabe que es mejor, si la cura o la enfermedad.
Este señor murió en 1984. Hoy tuviera 107 años, si Dios no lo hubiera necesitado en el cielo.
Nació en el año 1903 y aprendió de su papá algo que hoy deseo comentarles y fundamentarlo científicamente. Por supuesto, jamás le hubiera pasado por su mente que quien puede ser su tataranieto, hoy utilizara esa técnica bajo el nombre de conmutación iónica.
Se comenta por todos mis ancestros que cuando una persona estaba demasiado ansiosa, con hiperkinesia, dificultades para conciliar el sueño... a lo que cualquier médico se le pudiera ocurrir diagnosticar como una neurosis de ansiedad e indicarle una farmacia de medicamentos, él las curaba mandándolas a acostar con ropa de algodón o desnuda completamente, sobre la tierra y si era debajo de un árbol frondoso, mucho mejor.
Dicen que cuando lo visitaba alguien que al tocar objetos metálicos sentía como si hubiese agarrado un cable eléctrico positivo, lo mandaba a cavar una fosa en la tierra y lo enterraba completamente, sólo dejándole las vías respiratorias libres de la tierra. En minutos esa persona podía tomar con sus manos cualesquiera de los objetos que antes le era imposible tocar.
¿Es misterio? ¿Es curanderismo? ¿Es un don paranormal? Bueno a este señor, en aquel entonces le decían. "El curandero Mansano". Hoy la ciencia justifica estos fenómenos aparentemente místicos. ¿Será que en cien años más, lo que hoy consideramos acientífico o seudociencia, nos dejará en el más extremo de los ridículos, porque no tuvimos inteligencia ni coraje para enfrentar con sabiduría el abismo entre lo conocido y lo desconocido?
Creo que tengo tanto éxito como profesional, porque soy un hombre extremadamente perseverante en la búsqueda de una explicación a todo aquello que aporta resultados positivos y que aún está alejado del conocimiento científico contemporáneo.
Este tratamiento llevado a efecto por un hombre totalmente analfabeto, que puso en posiciones bastante ridículas a muchos científicos de la época. Después de pasado cien años, yo le he llamado conmutación iónica, fundamentado suficientemente, como para ser aceptado por la ciencia.
Este estado de intercambio energético entre la ionización positiva y la ionización negativa, mediante la descarga energética de campos iónicos positivos en campos iónicos negativos, es lo que permite que sin agresiones químicas ni físicas de ningún tipo, se puedan eliminar enfermedades para las cuales existe una explicación absolutamente científica, pero lamentablemente desconocida por la medicina alopática ortodoxa y por los apasionados científicos, que sólo practican la medicina invasiva.
Sería muy conveniente que todos los profesionales dedicados a sanar alguna dolencia, profundizaran en la conmutación iónica. Proceso mediante el cual los iones se intercambian o sus cargas magnéticas se equilibran, provocando como resultado la estabilidad de los campos biomagnéticos de los distintos órganos, tejidos, vísceras, procesos y funciones del organismo humano.
¿Por qué tenerle tanto miedo a lo que está delante de nuestros ojos? El campo biomagnético es una propiedad inherente a todos los seres vivos, de los cuales su máxima expresión es el ser humano, porque los potenciales eléctricos de las membranas y células, generan corrientes eléctricas capaces de mantener la vida en su más alto nivel de expresión. Lo importante es conocer cómo mantener su estabilidad sin agresiones químicas ni físicas de ninguna naturaleza, propio de los facilismos médicos, alejados de la capacidad sentimental de Hipócrates.
Levantemos la frente y comprobemos que no hacen falta tantos medicamentos para mantener un perfecto equilibrio con nuestra realidad circundante.
El único modo es demostrarle a nuestros pacientes que los campos biomagnéticos de los órganos internos y del organismo como un todo inseparable, es una realidad holística, que puede ser tratada con múltiples técnicas, comprobadas en el devenir de la historia (desde fines del siglo XVIII, con los descubrimientos del Médico y Físico italiano Luigi Galvani), con una efectividad casi absoluta, en el tratamiento de enfermedades imposibles de curar por la medicina ortodoxa.
Otro tema interesante dentro de la energía cósmica sería cuestionarse si: ¿La inteligencia humana estará condicionada al lugar geográfico donde se ha nacido?
Comenzar a hablar sobre la historia de la cartografía, puede llevarnos años y miles de páginas, que no son el objetivo de este artículo. Sin embargo, el tema que quiero proponer para mover las inquietudes de políticos, economistas, grandes estadistas, antropólogos, astrónomos, astrólogos, filósofos... requiere recordar que la elaboración de un mapa debe tener en cuenta una red de meridianos y paralelos terrestres, o líneas de longitud y latitud.
Desde el Griego Eratóstenes de Cirene (275-194 a.C.) precursor histórico del diseño de paralelos y meridianos, similares a los utilizados en la era moderna, pasando por los trabajos del matemático Francés Nicolás Auguste Tissot (1824-1897), quien con su típica indicatriz o elipse, dio fin a las distorsiones de las proyecciones cartográficas y hasta la actualidad, donde se precisa con exactitud la línea del ecuador. Paralelo que divide al planeta tierra en dos partes: El hemisferio norte y el hemisferio sur. Nos hacen conocer sin margen de error la ubicación exacta de todos los países y por supuesto sus características astronómicas, climáticas y geográficas.
Este pequeño preludio me permite hablar del índice de desarrollo humano (IDH). Indicador elaborado por el Programa de las Naciones Unidas, para constatar con más objetividad la estabilidad de tres parámetros, que garantizan el bienestar de los seres humanos en cualquier lugar del mundo.
- Esperanza de vida al nacer con buena calidad.
- El nivel educacional, medido por la tasa de alfabetización de adultos y la tasa bruta combinada (educación primaria, secundaria y superior). Considerando además, los años exigidos de educación obligatoria.
- Nivel de vida digno. Medido por el Producto Interno Bruto per cápita y la Paridad del Poder Adquisitivo en dólares.
Conociendo estos aparentes sutiles detalles, nos corresponde hacernos tres preguntas, en las cuales vengo trabajando hace varios años.
La primera: ¿Será una casualidad geográfica, que de los treinta países con mejor índice de desarrollo humano en el mundo, veintiocho estén ubicados en el hemisferio norte, es decir, sobre el paralelo del ecuador? Sólo Australia y Nueva Zelanda, están ubicados en el hemisferio sur.
La segunda: ¿Será una casualidad geográfica, que los ocho países más industrializados del mundo, estén ubicados también en el hemisferio norte y aún más cercano a la circunferencia polar?
La tercera: ¿Será que el calentamiento global, del cual culpamos tanto a los países desarrollados, no es una causa real en la disminución del índice de desarrollo humano, donde su principal indicador es la calidad de vida asociado a la longevidad?
En la ciencia no existen casualidades. Y no estoy cayendo en el llamado fatalismo geográfico. Recuerden que los astros indican nuestro destino, pero no lo determinan. Eso depende de cada individuo, grupo, sociedad o país en su expresión particular. Somos nosotros, los que aún vivimos en el subdesarrollo, los que debemos estudiar estos modelos políticos, económicos y sociales, para obtener de ellos las pautas a seguir, si queremos tener y disfrutar un mundo mejor.
Pero
nunca piensen que estos países pueden ser un modelo a imitar. En la misma
medida en que los años pasen y ustedes se mantengan firmes siguiendo todo lo
que se publicará en este periódico, podrán comprobar que nada es tan sencillo y
aparentemente lógico, aunque las evidencias lo justifiquen.