Cómo detectar quien le roba la energía. Segunda parte.

17.06.2021

Por: Mariano Cañizares Parrado.

Otra modalidad de ladrón de energías es aquel que cuando lo vez por una acera quisieras cruzar rápidamente para la otra, evadiendo su encuentro, pero no por su tristeza, sino por presentar un estado confuso entre la hiperkinesia y la ansiedad patológica.

Este tipo de personas son las que al establecer un "diálogo" con alguien no lo deja hablar. Pareciera que estamos presenciando un monólogo del teatro más exquisito, con el barniz de una tragedia escrita por William Shakespeare, donde los protagonistas no hablan tanto del destino ni de un ser divino, sino que sus emociones, pasiones y conflictos derivan de su propio carácter y temperamento. Su protagonismo es ancestralmente noble, pero desgraciadamente sus decisiones siempre bordean el equívoco, con el cual justifican haber sido agredidos o maltratados, pero con la esperanza de que algún día se haga justicia.

Son tantas las palabras emitidas en un minuto, que no existe cerebro por muy equilibrado que esté, capaz de recepcionar la información recibida, para ser procesada y responder con el objetivo de establecer el diálogo deseado.

Es la persona que empata una historia con otra. Cuando ya estamos esperando el final, resulta que aparece un paralelo viviente capaz de renovar el monólogo con un contenido totalmente diferente, pero igual de pedante y aburrido.

Uno no sabe cómo despedirse, pero tampoco hay tiempo entre palabras para hacerlo. Le rogamos a Dios que aparezca un conocido para remplazar la víctima. Cuando logramos desprendernos de alguna manera, nos sentimos como si nos hubiera pasado una aplanadora de carreteras por encima. Es como si la descarga energética requiriera conectarnos a la corriente eléctrica de 220 V por el intervalo de un día sin cambios de voltaje y sin apagones.

Este tipo de persona es el rompecabezas del mejor psicoanalista. El diagnóstico de su temperamento casi siempre es impreciso, porque limita con el nervioso, colérico y apasionado.

Como siempre. Un abrazo para todos y uno para mí, y que Dios nos siga protegiendo.

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