Causas y expresiones de los ensueños.

Por: Mariano Cañizares Parrado.
En mi quinto libro titulado: Herencia y Reencarnación, en su página 219 expresé: ... "cuando hablamos de dos momentos antes de nacer: Lo que está en la cadena genética de nuestros progenitores, y lo que podemos crear en un embarazo irresponsable, donde en muchas ocasiones damos por sentado, que la placenta es un filtro protegiendo a la criatura en formación, de sustancias dañinas a las que pudiera estar sometida la madre en el proceso de gestación. No obstante ser cierta esta teoría, la placenta no es eficaz para excluir cafeína, sal, vinagre, componentes químicos de los alimentos conservados o procesados, drogas, nicotina, alquitrán, alcohol, teobromina, mateína, teína, fármacos... Elementos estos contenidos en la alimentación y en los hábitos cotidianos de un ser humano. Así como las hormonas segregadas bajo un estado emocional de ira, rabia, cólera y los excesos de agitación o de reposo extremo. En esencia, la herencia no es sólo lo contenido en la genética ancestral, sino también, lo que somos capaces de provocar en el curso de un embarazo".
Los sueños de los niños tienen mucho que ver con estos dos factores antes mencionados, pero sobre todo con la calidad del embarazo. Si ha sido no deseado, tóxico o traumático por cualquier situación, lo cual marcará no solamente los ensueños, sino el comportamiento en general para el resto de su vida después del nacimiento. En estos casos es impredecible todo lo que pueda suceder; desde terrores nocturnos hasta estados fóbicos incontrolables. Sus formas de expresión más características son: sueño intranquilo, gritos súbitos y llanto persistente, donde muchas veces pensamos, y es cierto, el niño aún está dormido.
Supongamos que fue un embarazo feliz y bien orientado desde el punto de vista del cumplimiento de las leyes naturales de la vida. De ser así, entonces los ensueños en los niños son más predecibles. No obstante, hay que tener en cuenta hasta donde el niño ha desarrollado sus procesos afectivos, cognoscitivos y volitivos; especialmente el pensamiento.
Hasta los dos años, sólo podemos apelar a la percepción constatativa del adulto, porque el desarrollo del lenguaje aún es insuficiente para describir imágenes oníricas. De los 3 y hasta los 7 años, progresivamente el niño será cada día más capaz de establecer relaciones entre una situación concreta situacional, vivida durante el día en estado de vigilia, y su reproducción en la noche bajo la sombra de los ensueños. En esta edad hay que tener muy en cuenta que los niños son muy egocéntricos y por tal de llamar la atención crean fábulas fantásticas, que más tarde pueden ser desarrolladas en imágenes oníricas por su nivel de sensibilidad con sus conductas histriónicas. En esta edad son creativos, mitómanos y muy observadores, por tanto, debemos darle el valor a los ensueños como algo casi exclusivo de una obra teatral.
Sin embargo, desde los 7 y hasta los 9 años comienzan a aparecer representaciones lógicas del pensamiento, donde los niveles de asociación pueden dar lugar inclusive a premoniciones importantes. Ya debemos prestarle mucha atención a cualquier ensueño repetido y significativo para el niño. Esto nos va a permitir conocer hasta tendencias en el desarrollo de su personalidad.
De los 9 años y hasta los 12, los ensueños comienzan a ser más frecuentes, ocupando casi la tercera parte de nuestra vida, por lo que hay que prestarle mucha atención. A esta edad los niños son capaces de establecer estructuras, asociaciones, proyecciones y hasta mecanismos de defensa, cuando algún sueño entorpece su conducta consciente, lo cual puede generar emociones y conflictos en el comportamiento.
A los 12 años lo sueños se tornan muy interesantes, porque no sólo reproducen imágenes concretas, situacionales, sino más que todo, deseos reprimidos y por qué no, tendencias temperamentales, que empiezan a definir nuestro comportamiento diario. Empezamos a percibir con más nitidez ensueños sexuales, e inclusive, hasta desarrollar la capacidad de percibirlos como reales.
Los ensueños en la juventud aparecen relacionados con el desarrollo de la dirección y orientación de la personalidad, y son muy valiosos al definir el desarrollo potencial de las capacidades y habilidades para enfrentar el futuro.
Es muy raro las pesadillas frecuentes en niños, adolescentes y jóvenes, al no ser por la presencia de alguna enfermedad del sistema nervioso.
Si partimos del supuesto teórico-práctico, de que el desarrollo de la personalidad ha sido normal; sólo aparecerán las pesadillas cuando las emociones y sensaciones, se convierten en pasiones u obsesiones, donde sin duda alguna, aparecerán los conflictos y las frustraciones, como terreno abonado para que crezcan las imágenes oníricas desagradables.
La vida es linda, pero también está llena de insatisfacciones, y cuando los niveles de autorrealización de un ser humano, no coinciden con una adecuada autovaloración, perdemos la capacidad autorreguladora de la personalidad y sin control estaremos sufriendo permanentemente de grandes pesadillas. Los incapaces tendremos ensueños donde estamos volando y no podemos aterrizar. Los más inteligentes llevaremos las imágenes oníricas como un mensaje del inconsciente a la consciencia para vencer y triunfar.
El fascinante mundo de los ensueños, por supuesto no termina aquí. Mi segundo libro titulado: "Sueños y ensueños" cuenta con 306 páginas. Ya pueden deducir cuánto nos falta por aprender.
Como siempre. Un abrazo para todos y uno para mí, y que
Dios nos siga protegiendo.
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