Anorexia.

12.02.2013

Por: Mariano Cañizares Parrado.

La anorexia nerviosa es el ejemplo más evi­dente de la existencia de personas que no desean morir jamás, pero en contraste, les apasiona estar enfermos.

Es un trastorno histriónico del comportamiento, el cual se alimenta del supuesto inconsciente, de mantener atentos para con nosotros, a todos aque­llos que nos rodean, se ha convertido en una de las modalidades más comunes de las neurosis histéri­cas disociativas contemporáneas.

El control obsesivo de la cantidad y la frecuencia en la ingesta alimentaria, viene a ser el centro de la atención, no sólo de la persona anoréxica, sino de todos aquellos que de una manera u otra interac­túan con el paciente.

Como todo comportamiento histérico tiene en común varios rasgos típicos:

  • Gustan llamar la atención de todos a su alrede­dor, para lo cual utilizan la pérdida de peso de manera desmedida, convirtiéndose en un com­portamiento obsesivo - compulsivo.
  • Su estilo más común es despertar el interés de los demás a través de un estado dependiente de su apariencia física y cierta timidez e introver­sión, con marcado "distanciamiento en el seno familiar". Son personas que cultivan el arte para provocar sentimientos de pena o lástima. Sien­do ésta la base de su histrionismo.
  • Mentirosas. Aunque las mentiras son fáciles de comprobar, porque ese es precisamente un obje­tivo "inconsciente", capaz de mantener preocu­pados a todos los seres queridos.
  • Insatisfechos por excelencia.
  • Marcada inestabilidad emocional.
  • Alto grado de inmadurez de la personalidad; ex­presado como una paradoja, debido a que su "preparación" en la esfera nutricional, los hace acreedores de cierta capacidad sobre el conte­nido calórico de algunos alimentos, lo cual por supuesto, no los capacita suficientemente. De ahí sus constantes errores alimenticios, hasta provocar la enfermedad.
  • Aunque en muchas ocasiones parecen personas estrictas y autoexigentes, realmente su "perfec­cionismo" yace sobre muros de inseguridad, ca­racterizándolas como personas veleidosas por excelencia.
  • Detrás de cada actitud anómala, aparece cierto estado de ganancia, ya sea afectiva o material.
  • Desmayos o "pérdida de consciencia". Típicos de las neurosis histéricas de conversión.
  • La población más afectada (como en todo com­portamiento histérico), resulta el sexo femenino. Sólo el 0,1% afecta al sexo contrario y la mayor parte son homosexuales o hijos sobreprotegi­dos.
  • El mecanismo compensatorio típico de esta cla­se de personalidad es la fijación y la regresión, debido a que son personas que no aceptan a ni­vel consciente, el desarrollo que los aleja de su figura corporal infantil.
  • Los factores determinantes en el origen y de­sarrollo de este trastorno del comportamiento, tiene un matiz eminentemente social. A pesar de que existe bibliografía (poco científica), que habla de algunos indicadores predisponentes de carácter genético y bioquímico.

A la anorexia nerviosa cada día le buscamos más "fundamentos científicos", con el fin de justificar su existencia, porque resulta una "enfermedad" que deja muchos dividendos económicos para los profesionales encargados. Sin embargo, está bien claro que no existe un sustento experimental que justifique tales aseveraciones; sencillamente esta­mos hablando de un trastorno histriónico del com­portamiento, tal y como lo describiera muy acerta­damente el Médico francés Ernest Charles Lasègue (1816 -1883).

Como es un trastorno del comportamiento que muchas veces se complica, apareciendo síntomas de ansiedad, depresión, fobias y conductas obsesi­vo - compulsivas patológicas; resultan necesarios tratamientos psicofarmacológicos, pero en esencia, las psicoterapias conductistas han resultado más efectivas, aunque el pronóstico realmente es muy reservado.

Las posibilidades de recuperación están den­tro de los parámetros descritos por mí en artícu­los, conferencias, talleres, simposios y libros, porque como cualquier otro tipo de trastorno histriónico del comportamiento, en la anorexia nerviosa, también está presente el de­seo condicionado del síntoma patológico. Es decir, podemos creer que hemos curado definitivamente al paciente y cuando menos lo esperamos, se nos aparece con una recaída. Puede ser otro cuadro de anorexia, una bulimia o cualquier conducta anó­mala, capaz de exigir atención por todos los que están a su alrededor.

El tipo de temperamento predominante es real­mente un rompecabezas para cualquier profesional de la salud mental, porque unas veces prevalece el nervioso, otras el sentimental o melancólico, tam­bién el colérico y por qué no el débil. Por todo ello, la persona que padece de una anorexia nerviosa, como toda conducta histérica, le es mucho más propio el temperamento mixto, donde los rasgos más estables del carácter, adquiridos en el desa­rrollo ontogenético de la personalidad, realmente no cumplen con la capacidad autorreguladora en situaciones típicas de descompensación del com­portamiento.

Para establecer un diagnóstico diferencial con la anorexia nerviosa, hay que tener presente un va­riado número de enfermedades y pequeños detalles de los sistemas funcionales del cuerpo humano. Debemos descartar, ante todo, la presencia de una enfermedad inmunológica. Por ejemplo: El VIH y las alteraciones del gusto provocadas por el des­gaste progresivo de esta enfermedad, así como los estados depresivos asociados, pueden confundir­nos con facilidad.

Además de tener presente la posibilidad de un cáncer, sobre todo de tipo sólido. Trastornos en las TSH, especialmente el hipertiroidismo, algunos ca­sos con diabetes y aquellos que están asociados al mal metabolismo de los lácteos y del gluten funda­mentalmente.

Una vez descartadas todas estas alteraciones de carácter orgánico - funcional, estaremos "feliz­mente" en presencia de un trastorno histriónico del comportamiento, tipo anorexia nerviosa, lo cual re­presenta un verdadero dolor de cabeza para cual­quier especialista de la mente humana, por muy capacitado que esté.