Adicción al alcohol. ¿Enfermedad o desvergüenza?

04.10.2021

Por: Mariano Cañizares Parrado.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, define la palabra tratamiento como: "El conjunto de medios que se emplean para curar o aliviar una enfermedad". En otra parte señala, que también puede significar: "Cómo hablarle o escri­birle a cada persona, en la forma que le correspon­de, según sea el título de cortesía merecido".

Estamos ante una gran disyuntiva: Si la adic­ción al alcohol la consideramos definitivamente como una enfermedad o un comportamiento irresponsable. Sólo así podremos determinar con exactitud el tipo de tratamiento.

En dos ejemplos solamente podrán apreciar, si yo en lo personal, con más de cuatro décadas de ejercicio ininterrumpidos, y con una agenda completamente repleta de manera permanente; lo considero un enfermo o un irresponsable a veces desvergonzado.

El primer ejemplo lo expliqué con lujo de detalles en mi libro número 13, titulado: "Soy neuró­tico, pero me encanta" (página 169); en el capítulo: "Un asesino aceptado". En esencia planteo: "Anda por las calles, vestido de cualquier manera; podemos encontrarlo con camiseta barata y tenis de cuatro pesos, pero es común verlo de traje, con corbata y zapatos extraordinariamente costosos. Tiene li­cencia para matar y un arma en las manos, que pudiendo quitársela con simples medidas, se la dejamos para seguir asesinando sin escrúpulos de ninguna índole".

"En correspondencia con el nivel cultural, econó­mico, político y social, poseen estos asesinos más o menos libertades para cometer sus asesinatos".

"Se escandaliza permanentemente sobre las me­didas tomadas para evitar estos crímenes, pero la ineficacia de quienes deben evitarlo es tal, que prácticamente se toma partido en el asunto, cuan­do los agentes precipitantes y desencadenantes del delito, están a punto de su comisión".

"Mientras más costosa es el arma utilizada para arrebatarle la vida a un ser humano, pareciera te­ner mayores concesiones para enfocarla en cual­quier sentido, aunque el mismo esté completamen­te prohibido por las leyes existentes".

"Este asesino aceptado puede ser un simple hom­bre o mujer, pero generalmente es hijo, hermano, esposo, padre y un supuesto ciudadano admirable en la sociedad que interactúa".

Este asesino tiene un nombre genérico: CHO­FER.

Las muertes ocasionadas por los conductores de vehículos en estado de embriaguez, sumadas a los homicidios, donde de una manera u otra intervie­ne el alcohol, resultan en la actualidad la primera causa de muerte violenta en el mundo, de manera permanente.

El segundo ejemplo se refiere a un caso atendido por mí, cuando ejercía como segundo jefe del departamento de peritación mental y actitud penitenciaria, del Instituto Nacional de Medicina Legal, en la República de Cuba.

Todos los abogados, psiquiatras y psicólogos que lean esta narrativa y su curso legal, se van a percatar, que lo he traído al día de hoy, porque a pesar de haber tenido lugar en el año 1987, se sigue procediendo de igual manera en este enloquecido siglo XXI, donde ya la gente bebe para matar, y así poder reducir la condena de un hecho que se pensó antes de proceder. Se trata de:

En condiciones experimentales, me tocó comprobar el grado de in­consciencia provocado por la ingesta de bebidas alcohólicas en un sujeto que, bajo un estado de embriaguez, había violado y asesinado a su propia madre.

El estudio criminalístico y la peritación mental, arrojó ganancias para el asesino, porque desde el punto de vista médico legal, exactamente, los actos violentos tuvieron lugar bajo disminución sustan­cial de la consciencia.

En las conclusiones del juicio público, celebra­do contra esta persona; cuando escuché a la jueza otorgando beneficios para el acusado, bajo el pre­texto de haber realizado el acto delictivo sin cons­ciencia de ello. No pude soportarlo; me paré y sin pedir permiso a la audiencia, advertí: Estamos to­dos locos. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XX, juzguemos como atenuante, el estado de conscien­cia de un asesino, en el momento de la comisión del delito, sin tener en cuenta que la mayor res­ponsabilidad de la criminalidad, está en la elección consciente del medio por el cual llegamos a la ob­nubilación parcial o total de la consciencia?

Ante la presencia de un asesinato como éste. ¿Es acaso importante si la ingesta etílica disminuyó o no el pensamiento crítico? Dejémonos de absurdos y subjetivismos; enfrentemos la realidad como se merece, con ausencia total de procedimientos ig­norantes.

Es una insensatez total. Es la máxima expresión de la ignorancia, juzgar un hecho de esta naturale­za, sin considerar en su totalidad, la irresponsabi­lidad que marca a un ser humano, cuando por no ser capaz de controlar voluntariamente sus deseos más primitivos, se ve implicado en un comportamiento dañino a la sociedad que lo ha formado.

Como siempre. Un abrazo para todos y uno para mí, y que Dios nos siga protegiendo.

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